sábado, 23 de marzo de 2013

Carta de una socia y adoptante

Mercedes es socia, profesora de un colegio donde durante varios días las chicas de las charlas han ido a intentar concienciar a próximos adultos que tienen en sus manos el poder de cambiar las cosas. Nos ha mandado estas palabras que merece la pena leer. Muchas gracias, Mercedes, nos has hecho llorar de alegría y orgullo. 

 Bueno,deciros como ya he dejado en facebook que muchísimas gracias por estas cuatro mañanas compartidas con nosotros, que nos ha encantado, sobre todo a los chicos, que mañana os voy a echar de menos, especialmente a Drake y sus aullidos, que los pasillos estos días se alegraban cuando entrabais. 

 Os sigo por facebook casi a diario y siempre que lo hago me quedo con la sensación de querer hacer algo, ayudaros de alguna manera pero nunca lo hago. No soy muy organizada y entre el trabajo por las mañanas, la siesta que no perdono, el paseo por la tarde con Curra y Caldo y enjaretar las cuatro cosas en casa apenas podría comprometerme. 

 Seguramente no es excusa, todas vosotras tenéis también esa vida de mujer con múltiples tareas y sin embargo sacáis tiempo para un compromiso que, como muchos otros, me parece encomiable. O cuando organizáis marchas o comidas siempre me digo que voy a ir y nunca lo hago, casi siempre sin una razón de peso.

 No sé... espero que el haberos conocido en persona me haga dar un primer paso y unirme a vosotros en alguna ocasión. Yo nunca antes había tenido perros en casa. 

Cuando adopté a Curra y me di cuenta de que barriera lo que barriera siempre había pelos en casa, de que la ropa siempre tendría pelos por mucho que intentara lo contrario, me vine abajo. Estuve tentada de devolverla. Mis hijos me miraban apenados porque había sido por ellos por quien la trajimos a casa y puedo decir en su favor que se había responsabilizado y que los tres nos ocupábamos de ella.

 Alguna vez mientras meditaba la decisión de devolverla, ella, Curra estaba sentada en la alfombra y me miraba, con esa mirada rescatada del miedo y de la ausencia del afecto humano y yo lloraba. Los primeros días dormía en la cocina con la puerta cerrada y se pasaba todo el tiempo arañando la puerta, no ladraba, no lloraba. Al poco una noche la llevé a mi cuarto, se metió en su cunita y fue como si siempre hubiera sido así, durmió plácidamente. 

 Sorprendente... un perro que probablemente no había tenido la experiencia de estar con un humano sintiendo su afecto y su protección lo necesitara casi de forma instintiva 

 Se quedó.

 La primera vez que la dejamos en casa de una hermana mía porque viajamos, el viaje estuvo teñido todo el tiempo por el pensamiento de qué haría, de si estaría triste. Y la vuelta tuvo la recompensa nueva de reencontrarnos con ella y de sentir que era parte de nosotros. Siempre ha sido así desde entonces.

 Pensé que no éramos nosotros quienes la habíamos adoptado, era ella quien nos adoptaba, que no éramos nosotros quienes la habíamos hecho feliz, era ella quien nos había hecho felices, quien nos había enseñado una nueva forma de ser felices.

 Después llegó Caldo. Lo desorganizó todo y aún sigue haciendo de las suyas de vez en cuando pero nunca volví a sentir que me había equivocado.

 En casa hay siempre pelos, en la ropa, llueve y hace frío y hay que darles un paseo, llegan las vacaciones y hay que hacer planes distintos... ya sabes, todas esas cosas que se podría decir y escribir. Me gustaría tener palabras para expresar todas esas otras cosas que compensan lo anterior. Sé que están en sus miradas, en el hueco que buscan a mi lado, en la alegría incondicional con que me reciben cuando vuelvo a casa que ilumina hasta los días más sombríos. Bueno, tú lo sabes.

 Perdona esta largo correo. Estamos en contacto
 Besos Mercedes

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